Soy un médico militar que actualmente cumple en el Centro Médico Clínico de la Tropa (Troop Medical Clinic) en Irak, donde me ocupo de los soldados e infantes de marina heridos y enfermos. Aunque he sido un miembro activo del Ejército durante todo el período de la «Operation Iraqi Freedom». Antes de este tiempo, he sido médicamente incapaz de desplegarme en combate, debido al síndrome de ojo seco severo provocado por la cirugía LASIK.
En 2003, me ofrecieron LASIK en el Centro Médico del Ejército Walter Reed. Este procedimiento se promociona como una cirugía ambulatoria sin dolor y muy seguro, que serviría no sólo para mejorar mi visión, también aumentaría mi disposición a servir en combate, al reducir mi dependencia gafas y lentillas. Por desgracia, no ha sido así para mi. Mi cirugía fue en julio de 2003; tuve una complicación grave, queratitis lamelar difusa (DLK), que dio lugar a la necesidad de una segunda cirugía por un proveedor civil especializado en complicaciones LASIK. Afortunadamente, después de sucesivas cirugías en mis ojos, recuperé la mayor parte de mi visión (aunque todavía necesito gafas graduadas); sin embargo, la inflamación de DLK dio como resultado la pérdida de la mayoría de mis glándulas lagrimales basales, como lo demuestra una calificación de la prueba de Schirmer que se redujo de 10-plus pre-op, a inconmensurablemente una pequeña lágrima después de la operación. La pérdida de función de la glándula lagrimal resultó en una gran incomodidad física, así como un importante número de abrasiones de la córnea.A lo largo de 2004 y 2005, con la inestimable ayuda del Ejército, he intentado muchos tratamientos para el ojo seco, que van desde innumerables tipos de lágrimas artificiales, adaptación de lentes esclerales por la destacada Fundación de Boston para la Visión («Boston Foundation For Sigh»), el colirio de ciclosporina, y el uso de gafas con cámara humectante Panoptix. Fue este último dispositivo el que finalmente me permitió recuperar parte de mi vida, y pasar el día con menos dolor y una disminución del riesgo de abrasiones corneales. Aunque no estoy satisecho por tener que llevar gafas de «astronauta» gran parte del tiempo, estoy muy agradecido a ellas, ya que de hecho me han permitido retomar mi carrera como hematólogo-oncólogo en el Centro Médico Eisenhower del Ejército en Fort Gordon, y poder servir así a mi país en el extranjero, como lo estoy haciendo ahora. También he tenido la suerte de tener una modesta recuperación en la función de mis glándulas lagrimales, que atribuyo a la utilización de ciclosporina durante los últimos tres años.